Mladic "El cazador cazado"..

Este hijo de partisanos era aficionado a la caza, por las tupidas montañas de Bosnia, y lo practicó pavorosamente con seres humanos en los años 90; pero finalmente es el cazador el que ha sido cazado y la pieza cobrada es la posibilidad de cierta justicia y reparación para el país y las gentes que despedazó.


El general del antiguo Ejército Popular Yugoslavo, que en connivencia con la Liga de los Comunistas propició a partir de 1990 un autogolpe en el país balcánico a fin de contener la ola democratizante en todo el Este socialista, está acusado entre otros cargos de la matanza de 7.500 varones, incluidos niños, en el verano de 1995, en la entonces «zona segura» de Srebrenica.

Embriagado de mitos medievales nacionalistas, Mladic fue aún más el brazo militar de una alevosa y sangrienta división de los pueblos de Bosnia, bajo doctrinas de sangre y revisiones pseudohistóricas que servían al canto del cisne del último régimen incapaz de evolucionar en Centroeuropa. Desde el arresto y extradición de Rádovan Káradzic, Mladic era el último acusado por La Haya aún a la fuga, junto con Goran Hadžic, el presunto criminal que presidió la rebelión de los serbios de Croacia en 1991.


«La reputación de Serbia ha dejado de estar mancillada», ha dicho en apresurada intervención televisiva el presidente de Serbia, Boris Tadic, anunciando la detención por el servicio de inteligencia (BIA) del buscado militar, «es bueno para Serbia poder cerrar un difícil capítulo de su historia» y «aumentar así su credibilidad internacional», aún en duda diez años después del fin del régimen socialista y expansionista de Slóbodan Milósevic.

Esta semana un sondeo revelaba que sólo un 7% de serbios denunciaría a la justicia el avistamiento del encausado, a cambio de los 10 millones de euros prometidos por su captura, aunque un tercio de ciudadanos apoyarían su detención. Pero un 51% de serbios se muestra opuesto a una posible extradición de Mladić a La Haya y un 53% considera parcial al tribunal, lo que el ministro de Asuntos Sociales y Cooperación con el TPI ha explicado como relacionado con la depresión de la crisis económica.

Estela militar funesta

Nacido en pleno levantamiento partisano en Bosnia, en 1943, e hijo de una familia rebelde a la ocupación de la Wehrmacht, Mladic entraría con tales credenciales, a los 19 años, en la Academia Militar de Zemun. Su estela militar no podría ser más funesta. El año que empezó la guerra contra la república yugoslava de Croacia, el coronel Mladic había sido nombrado comandante del IX Cuerpo del Ejército Popular (JNA). En mayo de 1992, con el golpe militar de los serbios de Bosnia, Mladić fue elevado a general y jefe del ejército rebelado en la auto proclamada república serbia de Bosnia (RSB).

A consecuencia del genocidio de Srebrenica y Zepa, contra los musulmanes allí protegidos por la ONU, el TPIY abrió una causa contra el general por posibles crímenes contra la humanidad, de genocidio y de vulneración de las leyes y costumbres de la guerra.

Ello no impidió que se lo conservase aún un año a la cabeza del ejército de la RSB, sin siquiera ocultarse de nadie y pese al despliegue de 50.000 soldados internacionales en Bosnia, antes de pasar a llevar por un tiempo una vida privada en Belgrado, pero sólo relativamente clandestina y que mantendría sin perturbación alguna hasta poco después de la caída del régimen de Milósevic en 2001.

Al menos hasta 2002 estuvo aún protegido en instalaciones del ejército y, hasta 2006, en los grandes bloques del barrio de Novy Beograd, por una red de colaboradores militares. Los sucesivos gobiernos democráticos han sido desde opuestos a reticentes a colaborar con la justicia, protagonizando alternativamente denuncias por parte de la ONU y sucesivas detenciones y entregas. Hace 6 meses, Belgrado ofreció una recompensa de 10 millones por su captura, pero aún al mes siguiente el TPIY y la UE recusaron falta de cooperación.
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